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Fue a finales de oto帽o de 1961, y ten铆a 14 a帽os cuando tuve mi primer encuentro hostil con intrusos armados en nuestra superficie rural. Mis hermanos y yo est谩bamos sacando agua del pozo y cortando le帽a para encenderla en nuestra estufa de le帽a. Mi madre y mis hermanas estaban dentro de la vieja choza de hojalata y papel que llam谩bamos hogar. Los tiempos eran dif铆ciles entonces, pero 茅ramos una familia muy unida y eso compensaba muchas cosas.

Mis hermanos y yo nos congelamos instant谩neamente ante el sonido de disparos en el aire helado. Nos agachamos cuando o铆mos las balas silbando sobre nuestras cabezas, y nos alarmamos al escuchar las balas que golpeaban las paredes de nuestra casa, enviando fragmentos y astillas de madera volando. Est谩bamos furiosos de que alguien estuviera disparando en nuestra direcci贸n. Nuestra madre y hermanas estaban dentro. No sab铆amos si era intencional o no, pero sab铆amos que alguien podr铆a salir herido o peor, independientemente de las intenciones. Nos arrastramos por la esquina y entramos en la casa donde mi madre y mis hermanas estaban agazapadas detr谩s de cualquier cubierta que pudieran encontrar. Quer铆a armarme y encontrar a los tiradores para detenerlos, pero mi madre no lo permiti贸. Ella dijo que mi padre estar铆a en casa en cualquier momento, y que 茅l se har铆a cargo de eso.

La idea de que pap谩 volviera a casa fue un enorme consuelo para todos nosotros. No hab铆a mucho en ese momento en nuestras vidas de lo que pudi茅ramos estar seguros. Pero eso era algo de lo que todos est谩bamos seguros, y era que pap谩 se har铆a cargo de eso. Las balas continuaron golpeando la casa y el techo, haciendo sonidos de "pock" cuando golpe贸 una ronda.

Hubo una grieta explosiva seguida por el tintineo de vidrios rotos cuando un disparo rompi贸 una ventana en la cocina. Nos sentimos aliviados al escuchar el ruido de la vieja camioneta pickup cuando se convirti贸 en el camino de entrada. Cuando escuchamos el chirrido de los frenos, salimos a su encuentro y le contamos lo que estaba sucediendo. 脡l asinti贸 con gravedad y nos encerr贸 dentro.

Nos apresuramos a entrar en la casa y mi pap谩 nos mir贸 a los tres chicos. Luego sac贸 el rifle de la familia y lo carg贸. Luego carg贸 nuestra escopeta de calibre 16 de un solo disparo y me la entreg贸. Despu茅s de mi pap谩, fui el mejor tirador de la familia.

"No lo arruines hasta justo antes de que dispares", me record贸 mientras met铆a algunas conchas de repuesto en mi bolsillo. Luego meti贸 otra reliquia en su cintur贸n, un rev贸lver Cola SAA. No recuerdo el calibre.

Recuerdo haber visto las caras blancas de mi madre y mis hermanas cuando sal铆amos. Se帽al茅 en la direcci贸n en la que ven铆an los disparos y nos movimos hacia el espeso pincel, tejiendo de 谩rbol en 谩rbol para cubrirse. Me dijo que disparara si alguien me apuntaba con un arma.

Es dif铆cil describir los sentimientos que ten铆a cuando march茅 con mi padre al bosque para enfrentar a extra帽os armados. Pero estaba orgulloso de la confianza que mi pap谩 deposit贸 en m铆.

El rifle que llevaba era un Winchester de 1892 que se encontraba en el cuarto .25-20, que le fue transmitido por mi abuelo. Una vez perteneci贸 a un antepasado que hab铆a sido due帽o de un puesto comercial en el territorio de Oklahoma.

Se dijo que una noche de invierno en 1890, un vaquero borracho hab铆a robado su tienda a punta de pistola en la v铆spera de Navidad. El antepasado, que era el t铆o de mi abuelo, sali贸 corriendo y le dispar贸 al ladr贸n, mat谩ndolo. Los bienes robados fueron recuperados. La p茅rdida de la mercanc铆a habr铆a sido calamitosa para la familia. A veces, en el remoto y duro desierto, la justicia fronteriza era la 煤nica justicia que exist铆a. Mi hermano todav铆a tiene ese rifle.

Pronto o铆mos disparos y nos dirigimos hacia ellos. Mi padre dio vueltas y me hizo un gesto, pero no entend铆 sus intenciones, y me met铆 en un claro en una colina que dominaba nuestra casa.

All铆 vi dos hobos desgraciados que me sonrieron con los dientes negros rotos. Obviamente estaban borrachos, y ambos estaban armados con rifles .22. Hab铆a restos de botellas de whisky rotas que hab铆an sido colocadas en tocones. Las carcasas de conchas cubr铆an el suelo, y detr谩s de los tocones pod铆a ver el techo de nuestra casa. Tambi茅n me sorprendi贸 que las cosas hubieran sucedido m谩s r谩pido de lo que me hubiera gustado. Y dese茅 que mi pap谩 hiciera conocer su presencia. Justo ahora ser铆a bueno!

Sostuve la escopeta apuntando al suelo con el pulgar en el martillo. Les dije que estaban invadiendo, y que sus rondas estaban golpeando nuestra casa. Debieron haber pensado que algo era gracioso al respecto, o tal vez era mi voz, que estaba empezando a cambiar.

Uno de ellos se ech贸 a re铆r y me pregunt贸 si sab铆a bailar. Hizo un gesto exagerado con el rifle y yo me qued茅 helado y congel茅, pensando que estaban a punto de disparar. 隆Qu茅 h茅roe fui! Mi coraz贸n lat铆a con fuerza cuando amartill茅 el martillo. La risa se detuvo cuando me vio levantar el ca帽贸n hasta su pecho.

Su compa帽ero se dio la vuelta cuando mi pap谩 sali贸 del cepillo y puso el hocico del Colt contra su vientre. Coloc贸 al peque帽o Winchester sobre su hombro para abrirse paso detr谩s de ellos y sali贸 del espeso cepillo que sosten铆a al Colt.

Les dijo que ten铆an una oportunidad de irse y nunca volver. Ambos parec铆an enfermos, pero uno de ellos pregunt贸 si pod铆an llevar sus armas con ellos. Es posible que hayan estado borrachos antes, pero ahora estaban sobrios. Se disculparon profusamente, alegando que no hab铆an notado nuestra casa. Los acompa帽amos a la carretera despu茅s de descargar sus rifles y les devolvimos las armas cuando se fueron.

Mi pap谩 me pregunt贸 si estaba bien. El hecho es que no estaba bien hasta que apareci贸. Me sent铆 un poco enfermo cuando pens茅 en lo que podr铆a haber sucedido si hubiera estado solo. Por un minuto me qued茅 solo, frente a dos hombres adultos con rifles.
Pero hab铆a parecido m谩s largo que eso.
PJS, VA